27 diciembre 2005

 

Navidad o cómo enfrentarse a la alegría

Estando en la re-sobremesa de la comida familiar el día de Navidad a uno de los comensales le llegó un mensaje que decía: "El simulacro de paz y amor ha concluido, puede usted insultar a su cuñada y volver a su casa"

Es curioso el cariz que toman estas fiestas en esta piel de toro que habitamos, aunque en todas partes cuecen habas. Viene a mi memoria la novela "Una Navidad Diferente" de John Grissam, no porque me hiciera mucha gracia, sino porque le hizo mucha gracia a mi contraparte. A veces, estamos en una vorágine de buenos deseos, de felicitaciones, de familia, de sonrisas que ni nos va ni nos viene. Aunque no viene al caso, me recuerda también a otro libro que me recomendó también ella, se llama "Happiness" y habla del desastre mundial que provoca un libro de autoayuda que hace alcanzar la felicidad a quien lo lee. La felicidad por obligación es algo que no funciona y por eso estos días las cosas no acaban de cuadrar.

Los momentos más estresantes de estos días los provoca desde el vecino cretino que nunca saluda sino gruñe y que jamás paga la comunidad pero que en estas fechas saluda a todos con su mejor sonrisa, hasta el familiar que con su mejor sonrisa también mete la pata hasta las cejas preguntando lo que no debe y uno no debe enfadarse porque "el es asi" o "lo ha dicho sin malicia". Si uno no está por la labor de ser socialmente correcto, lo lógico y normal es gruñir al vecino o mentarle al familiar el mal del que se puede morir porque "yo soy así" o "lo digo sin malicia, pero con mala leche".

Por si algo faltase, y de manera acorde con los tiempos, la agresividad de la gente está a flor de piel. Agresividad por parte de los Natividantes publicistas y de los anti-Natividatorios. Los anticlericales militantes exudan odio hacia todo lo que huele a religión y más en estas fechas y por contra se gastan más que nadie comprando regalos a sobrinos y ahijados. Y los publicitarios enloquecen estos días, las luces de navidad de los grandes almacenes se encienden ya en noviembre, los teléfonos móviles los vende un papá noel(*) (cuya vestimenta cambia de color dependiendo de la compañia a la que anuncia)

Conozco a un tipo que insiste en escribir en un medio público un mensaje navideño diciendo que estas fiestas no existen y otras cosas sobre los reyes magos que no repito porque puede que me lean niños (y ya se sabe, hay que evitarles estas cosas, aunque luego en el telediario del mediodía pueden ver asesinatos en masa filmados para la ocasión y tras ello, en la película, sexo explícito y sadomasoquista con asesinato, canibalismo y amputaciones fetichistas). Lo de este tipo es curioso realmente, dado que al tratarse de unas fiestas, unas fechas, unas convenciones sociales que por tanto existen.

En medio de todo esto, están los que se deprimen en estas fiestas, o bien porque están solos, porque recuerdan malos tiempos o porque, simplemente, se deprimen.

Pues bien, harto estoy de permanecer al margen de este maremagnum. He aqui mi declaración de principios.

Me gusta la "Navidad", aunque me hastía la "navidad". Me gusta celebrar el solsticio de invierno, la encarnación de Dios, el nacimiento de Apolo y la iluminación de Buda. ¿Qué mas da que Cristo naciera el 1 de octubre, el 25 de diciembre o el 6 de marzo de hace 2000, 2006 0 2070 años? Me gusta celebrarlo. Me hastía, por contra, el papá noel(*) hasta en la sopa. Me gusta ver a mi familia y amigos, me gusta hacer regalos, me gusta pasear con mi contraparte en bajo las luces de navidad. Me hastía la aglomeración, el consumismo, la publicidad, la repetición sistemática de películas con Ebenezer Scrooge y ridículas historias de humor sobre renos y sobre el fin de el mundo si no se hace tal o cual cosa antes del 25 de diciembre.

Me gusta que la gente se desee felicidad, se desee amor y se desee paz. Me gusta que gasten su tiempo en buscar algo que guste a los demás, que empleen su tiempo en encontrar algo que regalar más que en encontrar algo que poseer. No me gusta que la gente se gaste el dinero asumiendo que "es lo que hay que hacer" no me gusta que un sentimiento religioso de amor se haya convertido en un negocio y no me gusta que todas estas cosas buenas que me gustan se hagan por obligación, con desgana y sólo en esta época del año.

De verdad que, pese a que me gusta tanto, preferiría que no se celebrase la Navidad y que todo el año la gente fuera tan generosa como estos días, que cada vez que se vieran los hermanos fuera una celebración y que siempre fuera una buena ocasión para desear paz y felicidad al prójimo, como dicen los musulmanes "salam aleikum".


(*) Algo de culturilla, Santa Claus viene de una fusión de tradiciones variadas.

- San Nicolás de Bari, Obispo de Mira, que ni traía regalos ni vestía de rojo y venía de Asia.
- "El hombre del saco" un demonio que descendía por la chimenea para secuestrar a los niños vencido por un santo (tal vez el propio San Nicolás) tras lo cual comenzó a dejar regalos a los niños como desagravio.
- De ahí viene después básicamente la leyenda holandesa de san Nicolás "Sinterklaas" que trae regalos para los niños desde España y le acompañan varios ayudantes llamados "Zwarte Pieten" que viene a ser "Pedro Negro" cuya misión es castigar a los niños malos o llevarlos a España en una bolsa.
- Su aspecto de grueso duende rojo tamaño XXL viene de un publicación de un dibujante en una revista estadounidense de mediados del siglo diecinueve, que eliminó el traje de obispo y la cruz del pecho y fue popularizada por la publicidad a partir de 1930 de la marca Cocacola.
- En Inglaterra estaba el Father Christmas es decir Padre Navidad o la versión ñoña que ha llegado tras traducciones varias a ser "papá noel" que vestía de verde y cabalgaba por el cielo en un caballo alado de ocho patas curiosamente, la misma cantidad de renos del trineo de Santa Claus.

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