17 diciembre 2005

 

Una noche sin dormir.

En ocasiones el tiempo se detiene y por el contrario otras veces transcurre a velocidades insospechadas. ¡Qué listo era Einstein, aunque no se refiriese a esto! Esta noche el tiempo se me escapaba de las manos, mientras pensaba en la triste suerte que nos toca a veces.

Soy una persona con suerte, con muchísima suerte en realiadad, en las cosas importantes. Sin embargo, en las bagatelas, en las cosas baladíes soy un auténtico gafe. Soy la típica persona que cuando le hacen un encargo tiene que ir siete veces a repetir la faena porque o bien falta algo que no le han dicho, o bien no lo han traído o bien se le olvida. El consuelo, si puede decirse así, es que a mi pareja le pasa lo mismo.

Esta noche, decía, la he pasado tratando de dormirme sin conseguirlo por otro despiste (esta vez consensuado entre media familia) que me va a obligar a hacer más viajes de nuevo a sitios donde me había prometido no volver. Ya que no hay mal que por bien no venga, he estado reflexionando sobre muchas cosas, alguna de las cuales he decidido incluirlas en este blog.

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