30 enero 2006
Paradigmas
Me hallo postrado en el lecho del dolor.... bueno, no, no seamos melodramáticos, estoy dolorido y en un sillón, así que no es para tanto. En vista del frenético ritmo que he llevado esta semana (¿sólo esta semana?, sin duda estoy de cachondeo) no he prestado casi atención a este cuaderno de bitácora que a duras penas mantengo.
Estos días he estado pensando en los tipos humanos que nos rodean, y en lo mal que funcionan algunas cosas. Afortunadamente, como le digo en ocasiones a mi contracontraparte, no somos gobernantes pues no tenemos la solución, y si la tuviésemos seguro que había contrarios por uno u otro motivo.
En los últimos días he participado en interesantes conversaciones de todo tipo como sobre política, inmigración, relaciones sociales, educación, conciencia social... Pero lo más interesante no eran las opiniones de los contertulios que en su mayoría venían a coincidir en lo políticamente correcto, si no los tipos humanos que vi reflejados en esas conversaciones.
Como no soy sociólogo, psicólogo ni nada semejante sólo puedo decir lo que me parecen así que no busqueis ninguna taxonomía válida en estas líneas, sólo mi pobre percepción de la realidad.
Pongámonos en situación: Nos encontramos en un lado de nuestra mesa, tras la comida y en una atmósfera proclive al diálogo, a las conversaciones profundas, a las bromas y a la tertulia cafetera, tetera o poleística (un día de estos me asesinan los señores del D.R.A.E, por nefasto inventor de palabras) observando al resto de comensales/contertulios.
En un extremo de la mesa podríamos encontrar a los que emiten sentencias hablando como si estuviesen en posesión de la verdad sobre temas en los que, bajo mi modesta opinión, deberían ser más cautos. Hablan, por ejemplo, con absoluta seguridad sobre la educación de los hijos, cuando no tienen hijos ni sobrinos ni niños cerca en general, no esperan tenerlos y por supuesto no soportan a los niños más que de visita. Discuten a gente que sabe de lo que habla sobre temas que conocen de pasada. No inician sus frases con "pienso que..." o "yo creo que.." sino con "Esto es así:". A veces conociendo su vida allende la tertulia uno piensa que es increíble que con las cosas tan claras luego tenga semejante desastre de situación personal y que no aplique ninguna de sus máximas ante la vida real.
Pese a que me encanta conversar (no hay forma de hacerme callar, dicen) a estos tipos de humanos me suele gustar escucharlos y no responderles a no ser que domine perfectamente el tema y entonces corrija los topicazos que suelen soltar. En general si sobre un tema no sé demasiado (salvo cuando mi verborrea me domina) prefiero dejar a los que sí saben de lo que hablan que les dejen con el culo al aire, y recrearme en el espectáculo. Generalmente este tipo de personajes se suele poner ellos mismos la soga al cuello al tratar temas controvertidos o complicados.
En otro lado de la mesa y de la conversación están los que rara vez emiten un comentario (salvo para poner un ejemplo a menudo traído por los pelos) y se limitan a apostillar de manera jocosa, a hacer alguna broma sobre una palabra polisémica etc. Puede que estos personajes, o bien no participan de otro modo porque carecen de opinión sobre el tema que se trate , porque les aburre o porque tienen necesidad imperiosa de hacer que el mundo sea menos serio en muchas ocasiones, tal vez porque la vida diaria ya les resulta demasiado severa. Si este último es su motivo, bienaventurados sean, pues aunque en ocasiones exasperen, en otras hacen sonreir y suelen liberar la tensión con sus bromas.
Entre unos y otros están los que nadan y guardan la ropa, aquellos que asienten con todo el mundo, confirman lo que dicen todos y con un noventa y nueve de probabilidades se alinearán con la mayoría. En las raras ocasiones en las que sus comentarios van más allá de asegurar que lo que dice fulanito es la pura realidad se limitan a contar experiencias iguales a las de mucha gente. Es en privado donde, si están en desacuerdo con algo de la conversación, después te cuentan lo contrario de lo que aseguraban en público, y donde, sin cámaras ni luces ni taquígrafos que puedan demostrarlo, pueden poner verde a sus aparentes mejores amigos.
Por último (aunque me dejo muchos tipos, sólo he enumerado a los que yo más reconozco y más me encuentro en mis viajes..... digooo en mis cenas) están los que tienen su opinión fundada, la emiten (a veces muy vehementemente) y la defienden, pero escuchando a su vez si les argumentan la opinión contraria. Por desgracia de estos hay poquitos , y los poquitos que hay suelen ser malinterpretados por su vehemencia que se confunde con acritud y no es más que apasionamiento. Por cierto, yo no soy uno de ellos. No sabría clasificarme, por aquello de "ver la paja en ojo ajeno" y también porque como dice el dicho valenciano "Ningú veu la seua gepa".
En fin, como dijo Bertrand du Guesclin "ni quito ni pongo rey".
¿Será que estoy nadando y guardando la ropa?
Estos días he estado pensando en los tipos humanos que nos rodean, y en lo mal que funcionan algunas cosas. Afortunadamente, como le digo en ocasiones a mi contracontraparte, no somos gobernantes pues no tenemos la solución, y si la tuviésemos seguro que había contrarios por uno u otro motivo.
En los últimos días he participado en interesantes conversaciones de todo tipo como sobre política, inmigración, relaciones sociales, educación, conciencia social... Pero lo más interesante no eran las opiniones de los contertulios que en su mayoría venían a coincidir en lo políticamente correcto, si no los tipos humanos que vi reflejados en esas conversaciones.
Como no soy sociólogo, psicólogo ni nada semejante sólo puedo decir lo que me parecen así que no busqueis ninguna taxonomía válida en estas líneas, sólo mi pobre percepción de la realidad.
Pongámonos en situación: Nos encontramos en un lado de nuestra mesa, tras la comida y en una atmósfera proclive al diálogo, a las conversaciones profundas, a las bromas y a la tertulia cafetera, tetera o poleística (un día de estos me asesinan los señores del D.R.A.E, por nefasto inventor de palabras) observando al resto de comensales/contertulios.
En un extremo de la mesa podríamos encontrar a los que emiten sentencias hablando como si estuviesen en posesión de la verdad sobre temas en los que, bajo mi modesta opinión, deberían ser más cautos. Hablan, por ejemplo, con absoluta seguridad sobre la educación de los hijos, cuando no tienen hijos ni sobrinos ni niños cerca en general, no esperan tenerlos y por supuesto no soportan a los niños más que de visita. Discuten a gente que sabe de lo que habla sobre temas que conocen de pasada. No inician sus frases con "pienso que..." o "yo creo que.." sino con "Esto es así:". A veces conociendo su vida allende la tertulia uno piensa que es increíble que con las cosas tan claras luego tenga semejante desastre de situación personal y que no aplique ninguna de sus máximas ante la vida real.
Pese a que me encanta conversar (no hay forma de hacerme callar, dicen) a estos tipos de humanos me suele gustar escucharlos y no responderles a no ser que domine perfectamente el tema y entonces corrija los topicazos que suelen soltar. En general si sobre un tema no sé demasiado (salvo cuando mi verborrea me domina) prefiero dejar a los que sí saben de lo que hablan que les dejen con el culo al aire, y recrearme en el espectáculo. Generalmente este tipo de personajes se suele poner ellos mismos la soga al cuello al tratar temas controvertidos o complicados.
En otro lado de la mesa y de la conversación están los que rara vez emiten un comentario (salvo para poner un ejemplo a menudo traído por los pelos) y se limitan a apostillar de manera jocosa, a hacer alguna broma sobre una palabra polisémica etc. Puede que estos personajes, o bien no participan de otro modo porque carecen de opinión sobre el tema que se trate , porque les aburre o porque tienen necesidad imperiosa de hacer que el mundo sea menos serio en muchas ocasiones, tal vez porque la vida diaria ya les resulta demasiado severa. Si este último es su motivo, bienaventurados sean, pues aunque en ocasiones exasperen, en otras hacen sonreir y suelen liberar la tensión con sus bromas.
Entre unos y otros están los que nadan y guardan la ropa, aquellos que asienten con todo el mundo, confirman lo que dicen todos y con un noventa y nueve de probabilidades se alinearán con la mayoría. En las raras ocasiones en las que sus comentarios van más allá de asegurar que lo que dice fulanito es la pura realidad se limitan a contar experiencias iguales a las de mucha gente. Es en privado donde, si están en desacuerdo con algo de la conversación, después te cuentan lo contrario de lo que aseguraban en público, y donde, sin cámaras ni luces ni taquígrafos que puedan demostrarlo, pueden poner verde a sus aparentes mejores amigos.
Por último (aunque me dejo muchos tipos, sólo he enumerado a los que yo más reconozco y más me encuentro en mis viajes..... digooo en mis cenas) están los que tienen su opinión fundada, la emiten (a veces muy vehementemente) y la defienden, pero escuchando a su vez si les argumentan la opinión contraria. Por desgracia de estos hay poquitos , y los poquitos que hay suelen ser malinterpretados por su vehemencia que se confunde con acritud y no es más que apasionamiento. Por cierto, yo no soy uno de ellos. No sabría clasificarme, por aquello de "ver la paja en ojo ajeno" y también porque como dice el dicho valenciano "Ningú veu la seua gepa".
En fin, como dijo Bertrand du Guesclin "ni quito ni pongo rey".
¿Será que estoy nadando y guardando la ropa?