19 marzo 2007

 

El día de San José.

Es curioso el efecto que causa el paso del tiempo en lo cotidiano.

Estos días me han hecho reflexionar al respecto. El detonante ha sido el día de San José. Para mí, esta celebración ha tenido siempre un significado especial por mi condición de valenciano y por más razones que no enumeraré.

El tiempo que día a día parece que no transcurre en realidad corre que se las pela. Hace ya casi un año que ese alma generosa que comparte su vida conmigo dijo "SI" y durante este tiempo, me he sentido tan bien, que no he reflexionado acerca de la vorágine de cambios en la que mi vida se ha desarrollado.

Desde luego el cambio ha sido notable, de ser "el príncipe del potito" a ser el "rey de la casa" y ya se sabe que los príncipes no pegan ni golpe y los reyes hacen la comida, tienden la colada, limpian la casa, hacen la compra... y muchas otras cosas que afortunadamente se comparten con las reinas (y digo afortunadamente, por dos razones, la primera es que no me seduce la idea de ser amo de casa en solitario y a tiempo completo y la segunda es que gracias a Dios las amas de casa de antaño que se lo cargaban todo a su espalda cada vez son más escasas)

Mi santa, también ha sufrido en sus carnes ese cambio agravado con una endémica pereza y falta de memoria de este que escribe. Afortunadamente para mi, su cariño por mi persona es mayor que las ganas de enviarlo todo a la porra por mi culpa.

No obstante, estos días he estado reflexionando ante la sucesión de acontecimientos. Unos días agobiadísimos de trabajo de mi contracontraparte, una casa con reparaciones que efectuar, otra que nos entregan tras meses de retrasos, una firma de hipoteca "deporvida" a las que nos avoca el desmesurado precio de la vivienda, problemas familiares a tutiplén, preocupaciones por la salud de las mujeres de mi vida: mi contracontraparte (si algo le faltaba encima no está en su mejor momento física) y la que me dió el ser y me trajo a este valle de lágrimas sin preguntarme mi opinión al respecto (cuyos años pesan ya y pesan más los disgustos que sus vástagos le vamos imponiendo) y diferentes vicisitudes más por las que no voy a extenderme.

Estos días estoy como ausente, me pierdo en pensamientos intrincados que no me llevan a ninguna parte, me embobo mirando una mosca, sin ver la mosca. Pero todo acaba conduciéndome a la misma conclusión, y una musiquilla retumba por mi maltrecha memoria.

"La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡¡¡Ay Dios!!"

Cada vez hay menos tinteros rozados por codos pero también queda menos cuaderno que escribir como diría Quino, pero ahora que estoy más cerca de los cuarenta que de los treinta estoy deseando ver qué sorpresa me depara el mañana...

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